Decisiones Financieras: Cuando el corazón puede más que la razón

Blog Giomar Moscoso

Quiero comenzar esta breve reflexión, invitándolos a responder la siguiente pregunta:

La tasa de desempleo reportada en España en diciembre del 2019 fue de 13,7%. ¿Cuál cree usted que fue la tasa de desempleo en el Perú, el mismo mes?

Ante dicho planteamiento, es probable que usted, rápidamente haya procesado el cuestionamiento de la siguiente forma: “…España es un país europeo, con muy buen nivel de vida, por tanto, el desempleo en el Perú debe ser mucho más alto”, y luego de esto, daría como respuesta, una cifra de desempleo “indudablemente” más alta para el Perú, porque claro, es un país todavía informal y en desarrollo.

Si usted respondió que el Perú tiene una tasa más alta de desempleo, pues déjeme decirle que está equivocado, en el mismo periodo, el nivel de desocupación en el país fue del 5,4%, una cifra muy inferior a la que tuvo España, pero, no se preocupe, usted solo fue una víctima más de un heurístico del comportamiento llamado “Anclaje y Ajuste”, que describe cómo las personas habitualmente, abandonamos la racionalidad y tomamos decisiones de manera rápida, produciendo que, dependiendo del punto de partida, se puedan generar diferentes estimaciones sobre determinado suceso.

Sin embargo, si usted leyó la pregunta, analizó los antecedentes de cada país y luego buscó información en los departamentos de estadística de cada país, seguramente respondió de manera correcta o por lo menos, tuvo una mejor probabilidad de hacerlo. Si lo hizo así, usted pertenece a un selecto grupo de personas, que tienen a la racionalidad de su lado y por tanto, es más probable que sus decisiones sean de mejor calidad.

Los heurísticos en general, se presentan por la asimetría en la información que los usuarios manejan o tienen disponibles, el nivel de optimismo, exceso de confianza, la aversión al riesgo, la ilusión de control, la contabilidad mental, entre otros, que como sesgos emocionales y cognitivos, alteran las decisiones de las personas.

Los estudios seminales de Herbert Simon sobre la Racionalidad Limitada, Kahneman y Tversky con su Teoría Prospectiva, y de manera más reciente, Richard Thaler con su obra “The Nudge”, que junto a otras investigaciones lo llevó a ganar el premio Nobel de Economía en el año 2017, han contribuido a que podamos analizar desde el prisma de la conductualidad, como se toman las decisiones económicas y financieras, discutiendo la plena aplicabilidad de algunas premisas clásicas en el mundo de las finanzas, como lo es la Teoría de la Utilidad Esperada, la Hipótesis del Mercado Eficiente y la clásica aversión al riesgo de las personas.

Otro heurístico, muy presente en estos tiempos que nos toca vivir, es la falacia del “Costo Hundido”. Este sesgo natural, explica porque las personas tienden a retener activos que actualmente están generando pérdidas, con la esperanza de que en el futuro puedan producir ingresos que le permitan recuperar la inversión que realizó en algún momento. El problema de esto, es saber estimar racionalmente, con la información disponible (recuerde la asimetría de la información), cuándo es prudente desprenderse de un activo o cuándo realmente podemos esperar a que este pueda ayudarnos a recuperar lo invertido y rentabilizar la opción elegida.

Este sesgo se presenta comúnmente en las personas que, en algún momento compraron un vehículo y luego de 5 años deciden venderlo. Gran parte estos, finalmente demoran mucho en vender su automóvil, con la esperanza de que alguien, pueda pagarles un valor cercano al que en su momento ellos desembolsaron, es decir, puedan recuperar su “inversión”, cuando, por esta espera y mientras más tiempo pase, ignoran inconscientemente, que su vehículo va a seguir perdiendo valor en el tiempo, si es que no lo venden en el momento correcto. He aquí la falacia del Costo Hundido en su plenitud.

Pero, por qué traigo a colación el tema de la conductualidad, la racionalidad limitada y las decisiones financieras que estas pueden alterar; es, porque bajo el actual escenario de incertidumbre que vivimos, necesitamos más que nunca, intentar ser lo más racionales posibles con las decisiones financieras que estamos tomando, debemos tratar de desligarnos de los sesgos cognitivos y emocionales que nos acechan y dar paso a un riguroso análisis de la información que ahora tenemos disponible, sopesar racionalmente los escenarios que esperamos, colocar en la balanza correcta el nivel de riesgo que estamos dispuestos a tolerar y gestionar, es decir, mi mensaje es, ten cuidado, porque muchas veces, el corazón puede mucho más que la razón.

Giomar Moscoso

MBA Giomar Moscoso Zegarra
Docente de la Escuela de Postgrado Neumann

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